miércoles, 7 de abril de 2010

Emociones.

Que me voy a Moscú. A Moscú, que no es ni a Lorca ni a Guadix. A MOSCÚ. En otro país, con otro clima, otras costumbres, otro idioma (que a ver como me las apaño, porque como no sepan inglés...).
Cómo podría yo imaginarme aquél día de invierno, hace dos años, cuando mi entrenador me probó a la marcha, que podría siquiera tocar con la yema de los dedos una medalla. Pero no una cualquiera: mi medalla a nivel nacional. Tercera de España. El Prat de Llobregat, Octubre 2009. Aún recuerdo los nervios que no aparecieron hasta un par de horas antes de competir. Aún recuerdo cada pensamiento que pasó por mi mente, unos traicioneros, negativos y otros positivos, esa pequeña esperanza que nunca desaparece. Aún recuerdo la ida, el número del cajón de plástico en el que dejé mis cosas y el número en el que dejó las suyas Sara. Aún recuerdo el nudo en el estómago que se me formó al estar allí todas, "sin pisar la línea" y aún recuerdo lo rápido que desapareció al mismo oír el pistoletazo de salida. Recuerdo la promesa que me hice días antes: "me esforzaré como nunc*, como todas esas veces que me he quedado con las ganas, como todas aquéllas veces en que terminas una carrera y piensas "joder, lo podía haber hecho mejor"". Recuerdo qué sentí cuando apenas quedaban 200 metros y veía que podía rozar medalla, que podía tenerla entre mis manos. No recuerdo de dónde saqué las fuerzas que me empujaron a apretar en los últimos metros. Recuerdo CUÁNTO pude llegar a llorar al ver que YO, que apenas un año y media antes no sabía marchar, había sido medalla de bronce en un campeonato de España.

Pero lo que sí recuerdo con más aún cariño ha sido el reciente campeonato de España en Ibiza. ¡En Ibiza, ciudad de la fiesta! Cuando nos dijeron que iba a ser allí, qué alegría, Señor. Cuando pisé por primera vez un barco, de los de verdad, de los grandes, qué alegría, Señor. Cuando ya estuvimos del barco hasta las narices, que poca alegría, Señor. Cuando casi vomito por el mareo... Dios, qué mal. Cuando pisamos tierras ibicencas, POR FIN, qué alegría, pijo. Y me acuerdo cuando, al estar pasándolo tan bien, al estar tan tranquila durmiendo cuatro en dos camas a la siesta, dije yo mi oportuno comentario: "¿Os dáis cuenta que mañana es el Campeonato de España? Porque si no os habéis dado cuenta, yo menos, aún no soy consciente -hice una pausa-... ¡PERO QUE MAÑANA TENGO 10 KILÓMETROS! Dios, me voy a morir". Y después de esto, me acuerdo que me quedé durmiendo. Fíjate tú si era consciente y si estaba nerviosa.
Y entonces llegó el día. El día siguiente, digo. Llegamos al circuito. "Muy grande veo yo ésto", dije. Y sí, era muy largo. Ese era el circuito que posteriormente pisaban mis pies, mis zapatillas adidas rosas, mis queridas zapatillas. Ese fue el circuito que me enseñó a sacar todo de mí. Esos fueron los minutos que tuve para sacar fuerzas de donde no las habían. Llegó un momento en que mis pies no se deslizaban por la calzada, sino que la calzada se deslizaba por mis pies. Llegó un momento en que lo único que oía eran mis pensamientos, mis gritos de ánimo, mis voces interiores. La gente te gritaba y te aplaudía, te daba ánimos. "Vamos Amanda, que tú puedes. Incluso puedes más de lo que estás haciendo", me dijeron. Cómo me acuerdo. Y, mi entrenador, tenía esa sonrisa. Esa sonrisa satisfactoria, esa sonrisa de "sabes que puedes". Y mi anterior entrenador, me gritó que iba primera y yo, inconsciente de mi puesto, me extrañó. "¿Cómo que voy primera?", me decía. No podía ser. Entonces... ¿no voy la 5ª ni la 6ª? Y fue ahí cuando me intenté hacer a la idea. Campeona de España, me decía. Me sonaba raro, muy raro. Yo, ¿campeona de España? De toda la Península Ibérica. ¿Ganadora de nosecuántas chicas?. ¿Ganadora de la medalla de ORO? Sinceramente, no me hago a la idea, quizás porque siempre hubo esa esperanza, porque estuvo ahí esa lucecita que te dio ánimos. Quizás porque sí que algún día me imaginaba tener una medalla de oro entre mis manos.

En aquella concentración de Alfaz del Pi, en Navidad, cuando Carrillo dijo que las dos primeras del campeonato de España irían a Moscú a competir, con las mejores de toda Europa, JAMÁS me hubiera imaginado que fuese yo una de ellas. NUNC* me hubiera imaginado que YO iría a Moscú y mucho menos que fuera Campeona de España. Pero ya ves, todo queda en un "si quieres, puedes".

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