lunes, 26 de abril de 2010

Solo cuando me pueda separar tiene valor estar juntos.

Carta 27.

Claudia:
Ya sabía que tu respuesta a la carta anterior iba a traer el tema de la pareja.
¿Será un conocimiento intuitivo sobre ti o será una proyección mía y de mis ganas de hablar sobre el tema?

El asunto de la pareja que no se separa me recuerda siempre a la diferencia de que no es lo mismo estar junto al otro que estar enganchado al otro.
Y esta diferencia es vital.
Juntos quiere decir próximos, en contacto, uno al lado del otro y, obviamente, aceptando la posibilidad de separación.
Enganchados no tiene nada que ver ocn eso. Enganchados es, como su nombre indica, trabados entre sí, como dos ganchos.
¿Y esto qué significa?
Significa que una parte de uno llena un hueco del otro, y viceversa.
Yo me hago cargo de tu lado estúpido a cambio de que tú aceptes hacerte cargo de mis peores cambios de humor.
Mientras estemos juntos, yo seré el estúpido y tú el loco. Pero ojo con separarnos: porque, si nos separamos, entonces tú deberás volver a ser tan estúpido como antes de conocerme y yo tan irresponsable como siempre.
La posibilidad de separarse no existe, porque, al hacerlo, cada uno de los dos tendría que reasumir su propio agujero y llenarlo de sí mismo (cosa que, obviamente, no estaba dispuesto a hacer cuando aceptó el enganche).
Sólo estando juntos se puede intimar.
Sólo cuando me pueda separar tiene valor que estemos juntos.

Y relaciono todo esto con mi propia manera de ver la pareja.
Para mí, una pareja no son dos ni uno, sino tres.
Tres individuos diferentes: él, ella y la pareja.
Algunas parejas llevan adelante el proyecto de convivencia basado en la postura de "la pareja como uno": van a todas partes juntos, trabajan en lo mismo, tienen parejas amigas, todo en unidad. ¡Todo! Y "todo" empieza a fracasar cuando se dan cuenta de que no consiguen inodoros de dos plazas. Y termina de fracasar cuando alguno de los dos comprueba que ha desaparecido como individuo y decide reasumirse como persona.

Hay parejas más "modernas" que intentan un planteamiento de "dos individuos": Él y Ella. Donde cada uno aporta algo de sí a la relación, pero cuidando siempre su terreno y dosificando puntillosamente los momentos a compartir.
Éste puede ser un excelente modelo de relación, pero no es una pareja. Porque la pareja como tal no existe, carece de proyectos, de marcos referenciales. Este "individuo-pareja", desde su no-existir, no crece, no se desarrolla.

Y, un día, el último de los muchos puentes que unían esas dos islas, se cae. Y las islas vuelven a ser islas. Independientes, sí. Y también solitarias e incomunicadas.
Dejo para el final el planteamiento más sutil y seguramente el más frecuente, aunque seguramente también el menos explícito: <> ¿Qué tal? Macabro, ¿no? Y, lo peor de todo, es que hay relaciones en las cuales este planteamiento, hecho por uno de los miembros, es acatado por el otro, que vive en función de su pareja pero carece (sólo él) de vida propia.
[...]
Toda esta perorata me sirve para tratar de comprender por qué es tan difícil la convivencia en pareja. ¡Se trata de compatibilizar los intereses de tres!
Cuando la armonía entre los tres aparece, es hermoso... Yo, ella y nosotros...
¡Me emociona!

En resumen, creo que le deberían decir a mi madre que no me dejara leer todas estas cosas..

domingo, 18 de abril de 2010

Las cosas cambian.

Creo que a veces sigo buscando algún índice de supervivencia de aquella huella. Aquéllo que me hacía sentir libre, que me decía que fuera yo ante y sobre todo.
Pero, a veces, las cosas cambian. Quizás para mejor, quizás para peor. Qué más da ya. Qué importa ahora. Si fueran para peor, ¿qué se puede hacer ya? Nada. Por ello es mejor no pensarlo. Y, si fueran para mejor, ¿qué hago escribiendo esto?

Yo lloro. ¿Tú lloras?

¿No te ha pasado? Eso de... llorar. Llorar pero sin saber por qué. Sin motivo, sin razón. Llorar por llorar, y nunca mejor dicho. Dejas resbalar tus lágrimas, para calmar una agonía inexistente. Lloras para sentirte bien. Qué paradoja, ¿no?: Estar triste para sentirte bien. Es como el mono de fumar para los que fumen, o el mono de café para los que les guste el café. No puedes parar quieta, necesitas conseguir tu objetivo, cueste lo que cueste. Necesitas llorar. Estás que no estás. No eres tú, no eres yo. Lo más extraño es que cuando lloras por llorar, sin ningún motivo, parece que lloras por todo, que necesitas buscar una razón para hacerlo. Quizás buscas algo que te ha sucedido en este mismo día, o ayer, o días, semanas, meses antes. Quizás tu motivo establecido haya sido nostalgia, rabia, dolor, celos,... cualquier cosa. Cualquier cosa va a ser tu motivo para desahogarte, con lo fácil que es decir que "lloro porque lo necesito". Aunque claro, te trataría como una loca.
Y, detrás de tu respuesta, iría un "¿por qué? Por algo llorarás". No, joder. ¡No! Necesito llorar. ¿No te ha pasado que un día te levantas y tienes ganas de reírte, de hincharte a carcajadas, a saltar, a gritar, a llorar pero de alegría, euforia... hasta que te duela la barriga de tanta alegría junta? Pues vale, es lo mismo, pero del revés. Tienes ganas de... no de estar triste -aunque tampoco es que te apetezca mucho partirte el culo de la risa-, si no de... estar sola, aislada. Quieres pensar. Necesitas pensar. Es un día lleno de necesidades, de porqués sin respuesta. Es un día lleno de, quizás, dudas, algún arrepentimiento, muchas preguntas, excesos, ausencias. Es un día... (podría llamarse) de mierda.
Y todo por llorar.
Y... llorar puede conllevar a pensar en cosas que no quieres pensar, en que la mente se fugue a lugares lejanos, kilómetros y kilómetros lejos de tu cabeza. Decisiones, respuestas, preguntas sin respuesta, dudas, reflexiones.
Aunque bueno, sí, también puede ser porque sea que "estemos en uno de esos días"... pero en fin, creo que son IFNR (Incógnitas Femeninas No Resueltas) que sólo nosotras podamos entender.

miércoles, 7 de abril de 2010

Emociones.

Que me voy a Moscú. A Moscú, que no es ni a Lorca ni a Guadix. A MOSCÚ. En otro país, con otro clima, otras costumbres, otro idioma (que a ver como me las apaño, porque como no sepan inglés...).
Cómo podría yo imaginarme aquél día de invierno, hace dos años, cuando mi entrenador me probó a la marcha, que podría siquiera tocar con la yema de los dedos una medalla. Pero no una cualquiera: mi medalla a nivel nacional. Tercera de España. El Prat de Llobregat, Octubre 2009. Aún recuerdo los nervios que no aparecieron hasta un par de horas antes de competir. Aún recuerdo cada pensamiento que pasó por mi mente, unos traicioneros, negativos y otros positivos, esa pequeña esperanza que nunca desaparece. Aún recuerdo la ida, el número del cajón de plástico en el que dejé mis cosas y el número en el que dejó las suyas Sara. Aún recuerdo el nudo en el estómago que se me formó al estar allí todas, "sin pisar la línea" y aún recuerdo lo rápido que desapareció al mismo oír el pistoletazo de salida. Recuerdo la promesa que me hice días antes: "me esforzaré como nunc*, como todas esas veces que me he quedado con las ganas, como todas aquéllas veces en que terminas una carrera y piensas "joder, lo podía haber hecho mejor"". Recuerdo qué sentí cuando apenas quedaban 200 metros y veía que podía rozar medalla, que podía tenerla entre mis manos. No recuerdo de dónde saqué las fuerzas que me empujaron a apretar en los últimos metros. Recuerdo CUÁNTO pude llegar a llorar al ver que YO, que apenas un año y media antes no sabía marchar, había sido medalla de bronce en un campeonato de España.

Pero lo que sí recuerdo con más aún cariño ha sido el reciente campeonato de España en Ibiza. ¡En Ibiza, ciudad de la fiesta! Cuando nos dijeron que iba a ser allí, qué alegría, Señor. Cuando pisé por primera vez un barco, de los de verdad, de los grandes, qué alegría, Señor. Cuando ya estuvimos del barco hasta las narices, que poca alegría, Señor. Cuando casi vomito por el mareo... Dios, qué mal. Cuando pisamos tierras ibicencas, POR FIN, qué alegría, pijo. Y me acuerdo cuando, al estar pasándolo tan bien, al estar tan tranquila durmiendo cuatro en dos camas a la siesta, dije yo mi oportuno comentario: "¿Os dáis cuenta que mañana es el Campeonato de España? Porque si no os habéis dado cuenta, yo menos, aún no soy consciente -hice una pausa-... ¡PERO QUE MAÑANA TENGO 10 KILÓMETROS! Dios, me voy a morir". Y después de esto, me acuerdo que me quedé durmiendo. Fíjate tú si era consciente y si estaba nerviosa.
Y entonces llegó el día. El día siguiente, digo. Llegamos al circuito. "Muy grande veo yo ésto", dije. Y sí, era muy largo. Ese era el circuito que posteriormente pisaban mis pies, mis zapatillas adidas rosas, mis queridas zapatillas. Ese fue el circuito que me enseñó a sacar todo de mí. Esos fueron los minutos que tuve para sacar fuerzas de donde no las habían. Llegó un momento en que mis pies no se deslizaban por la calzada, sino que la calzada se deslizaba por mis pies. Llegó un momento en que lo único que oía eran mis pensamientos, mis gritos de ánimo, mis voces interiores. La gente te gritaba y te aplaudía, te daba ánimos. "Vamos Amanda, que tú puedes. Incluso puedes más de lo que estás haciendo", me dijeron. Cómo me acuerdo. Y, mi entrenador, tenía esa sonrisa. Esa sonrisa satisfactoria, esa sonrisa de "sabes que puedes". Y mi anterior entrenador, me gritó que iba primera y yo, inconsciente de mi puesto, me extrañó. "¿Cómo que voy primera?", me decía. No podía ser. Entonces... ¿no voy la 5ª ni la 6ª? Y fue ahí cuando me intenté hacer a la idea. Campeona de España, me decía. Me sonaba raro, muy raro. Yo, ¿campeona de España? De toda la Península Ibérica. ¿Ganadora de nosecuántas chicas?. ¿Ganadora de la medalla de ORO? Sinceramente, no me hago a la idea, quizás porque siempre hubo esa esperanza, porque estuvo ahí esa lucecita que te dio ánimos. Quizás porque sí que algún día me imaginaba tener una medalla de oro entre mis manos.

En aquella concentración de Alfaz del Pi, en Navidad, cuando Carrillo dijo que las dos primeras del campeonato de España irían a Moscú a competir, con las mejores de toda Europa, JAMÁS me hubiera imaginado que fuese yo una de ellas. NUNC* me hubiera imaginado que YO iría a Moscú y mucho menos que fuera Campeona de España. Pero ya ves, todo queda en un "si quieres, puedes".