No sabía qué hacer. Todo mi mundo se derrumbaba de pronto en apenas unos segundos. Yo estaba allí, indecisa, inmóvil. Pensando en qué debía hacer en aquél momento. No sabía si debía subir o quedarme donde estaba. Subí. Pensaba que no vendría, pues lo acordado ya estaba acordado. Ahí puse mi esperanza: en aquél portal. Contemplaba la calle: silenciosa y a la vez tan ruidosa. Estallaba todo en mi cabeza. Oía gritos, lamentos, jadeos, susurros. Me estaba volviendo loca. Un señor salió con una silla a la puerta mientras me miraba. "¿Qué coño pasa?" daban ganas de preguntarle. Me quedé callada, como ya era de esperar. Me volvió a mirar y se metió para adentro. Y ahí quedé yo de nuevo. Sola. En aquél portal.
Lo oí. Ya venía. Se acercó cada vez más hasta que me di cuenta que estaba a mi lado. No nos saludamos, no nos dijimos nada. No me dio un beso. Sólo le di lo que apenas minutos antes había escrito en el silencio acogedor de mi habitación. Pensaba que eso le haría reaccionar...
Empezó a leerlo. Con (¿desprecio? ¿asco?) lentitud. Y, igual de rápido empezó que terminó.
"¿Con esto lo solucionas todo?". Tuve más ganas de llorar en esos momentos. ¿Tanto tiempo escribiendo para nada? ¿No le había conmovido mis palabras? ¿Mi recordar de nuestros buenos momentos no había servido para nada?
Estaba resignada. Prefería callarme. No podía joder la cosa más de lo que la había jodido por el momento. Le conté como me sentía. Qué es lo que veía justo... y se marchó. Entonces empecé a notar un vacío. No era un vacío conocido. Lo tenía dentro de mí, agarrándome el cuello. No quería que se fuera. Me giré. Iba a gritarle que se quedara, que no se marchara... y que lo quería. Lo quería mucho. Y no le dije nada. Se fue. Otra vez. Allí me quede yo. Sola, de nuevo.
Tuve que bajar al otro lado del pueblo a llamar por una cabina. Puto saldo inútil. Putos anticipos lentos. Putos 4€ que pedí para nada. Puta operadora de mierda. Gracias a que llevaba dinero pude realizar "La llamada". Pensaba que eran sus amigos. Le dije que era yo y se le suavizó la voz. Me preguntó que qué quería, aunque era obvio, tanto por su parte como por la mía. "Te quiero" pude lograr decir. Me dijo que ahora iba para allá y le indiqué el lugar donde estaba: "no estoy en mi casa".
Al rato llegó. Se sentó a mi lado del banco donde yo estaba, frente a una anciana que andaba de allí para acá. Fue muy educada, puesto que hacía como que ella no se estaba enterando de nada. Me hubiera gustado darle las gracias. Logré decirle lo que le había dicho antes por teléfono. Estuvimos hablando. Yo no estaba de acuerdo con sus palabras. No lo conocía. "¡No te conozco!" quise exclamar e irme. Pero no lo hice. Seguí sentada allí, sollozando. Llorando por todo lo que había perdido por inocente, por tonta. Se marchó de nuevo. Y yo me puse a sollozar como nunca. La anciana me miró. Pude leer en su mirada un tierno cariño por alguna época vivida por ella. Pude leer pena, solidaridad, compasión. Se estaba acercando a mí cuando vi que volvió a aparecer. Entonces, la anciana, la cual acababa de pronunciarme sus primeras, únicas y últimas palabras de esa noche, se vio interrumpida y se alejó. Volvimos a hablar él y yo. Al rato me dijo de ir a dar una vuelta, para sentirme más cómoda y poder hablar tranquilos puesto que la plazoleta que estaba vacía (o casi vacía, si contamos a la anciana) cuando llegamos, se iba llenando poco a poco de gente. Íbamos andando y conforme hablábamos yo ya veía una tontería seguir hablando.
Al rato, le dije que me iba a mi casa, que estaba cansada. Le di un beso en la mejilla... y me di la vuelta. "¿Ya está? ¿Aquí acaba todo?", me preguntó. Lo miré tratando de hacerle entender, de transmitirle lo que sentía, de ahorrarme palabras que no iban ya a servir para nada. Se fue la vuelta indignado para irse. A continuación yo lo imité empezando de nuevo a llorar. Me arrepentí. Fui a buscarle... pero era demasiado tarde. Ya se había ido.
Empecé a caminar, rumbo a mi casa. Y lo oí. Se paró frente a mí. No quería que me fuese. Me alegraba saberlo... o pensarlo. Ahí estábamos de nuevo, él y yo. Todo un mundo. Todo un abismo. Nos miramos. Me miró. "Aún no me lo creo". Creo que me sonrió, con ganas de que yo lo siguiera y dejara de llorar. Creo que quería quitarle importancia al asunto. No sé qué me dijo más que de pronto lo vi interrumpirse a él mismo diciendo un "¡siempre tenemos banda sonora!". Sí, estaba sonando la tuna. Sí, es la segunda vez en mi vida que oigo la tuna aquí en mi pueblo, por lo menos. Sí, la canción decía exactamente "por favor, dime que sí" acabando con algo así como ".. como ella te quiere". Nos reímos. Me gustó ese momento. Qué curioso. Fue bonito. "¿Estás escuchando la canción?", me preguntó. Asentí entre lágrimas y una sonrisa. Nos sentamos en un portal y comenzamos a hablar... de nuevo.
Al final volvimos a lo mismo. Yo no estaba de acuerdo. Volvimos a separarnos. Se enfadó y acabó la conversación dándome otro beso en la mejilla y diciendo "podría haber sido bonito pero..." y se fue. Se fue. Se fue... otra vez.
En ese momento tenía la mente en blanco. No sé como lo hice. No pensaba en nada. No pensaba en que lo había perdido. No pensaba en qué estaba perdiendo. No pensaba en que él también me había perdido. No pensaba en quién realmente tenía la culpa. No pensaba en el orgullo. No pensaba en la felicidad. No pensaba en llorar. No lloraba. Sólo caminaba hacia mi casa.
Al rato recibí un mensaje, después de haberme puesto el pijama y las gafas (sí, llevo lentillas). Decía que subiera en 5 minutos a donde siempre quedábamos. Me puse un abrigo y subí arriba. En menos de cinco minutos. Apenas había pasado un minuto de recibir el mensaje.
Volvimos a hablar. Era como una especie de "no estoy contigo... pero no puedo separarme de ti". Tanto yo como él. Tanto él como yo. Acordamos lo que ya habíamos acordado. Seguía no estando de acuerdo. Al final, accedí. Pues esa conversación no llegaba a ninguna parte y llegaba mi máxima hora de irme. El tiempo iba en nuestra contra. Debíamos resumir. Debíamos apurar.
Todo acabó en un abrazo, un beso, una sonrisa, un te quiero. No quería separarse de mí. No quería separarme de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario