jueves, 16 de septiembre de 2010

Porque te acepto, te rechazo.

¿Y aceptar? Aceptar es darme cuenta de que eres quien eres. Puede que no sea capaz de entenderte, quizás tampoco te comprenda. Sin embargo, si te acepto, podré no avalarte, no compartir contigo, pero no te pediré que cambies, que te modifiques. Entonces, la dimensión d ela palabra rechazo cambia.
Mi recharzo podría ser una forma de aceptarte, en la medida en que no exijo que te modifiques, que seas diferente, que tengas otra actitud para quedarte aquí.
Aceptarte podría ser: "No me gusta tu actitud, me molesta tu forma de ser o pensar, no quiero compartir cosas con el que eres, vete o mejor me voy. Pero no te pido que cambies, por lo menos no para mí, no para conservarme, no para permanecer conmigo. Sigue siendo quien eres y, si quieres, busca quien te quiera así, tal como eres. Porque te acepto, te rechazo".
Dicho de otro modo, mi no aceptación es: "¡Te quiero tanto! No nos separemos, pero tú tienes que cambiar esto o aquello. Tienes que dejar de ser así como eres. Si quieres estar conmigo, haz el esfuerzo y modifica esto y esto otro y aquello. Así estaremos juntos y felices...".
Y se me ocurre otra forma de no aceptación, también disfrazada de aceptación. Es vulgarmente conocida como "idealización".
En verdad, si te idealizo es precisamente porque no te acepto. Si te aceptase, no necesitaría idealizarte.

No quiero que cambies. No para mí. Quiero aceptarte como eres, aun cuando éste sea el camino que nos separe.
Prefiero que te alejes de mi por ser como soy a que permanezcas conmigo para cambiarme.
De todas formas, si puedo elegir, elijo que me aceptes para quedarte, elijo aceptarte y tenerte cerca, tan cerca como ahora...
Es que, ahora que te escribo, que te cuento estas cosas, que comparto contigo mis delirios, ahora estás aquí a mi lado, del mismo modo que me sentirás a tu lado -lo sé- cuando leas este escrito.

Jorge Bucay. Eres mi jodido maestro de la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario